ISSN: 0300-9041
ISSNe: 2594-2034
Indizada en: PubMed, SciELO, Índice Médico Latinoamericano, LILACS, Medline
EDITADA POR LA Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia, y Ginecologioa AC
FUNDADA POR LA ASOCIACION MEXICANA DE GINECOLOGIA Y OBSTETRICIA EN 1945
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Periodicidad: mensual
Editor científico: Alberto Kably Ambe
Editor ejecutivo: Enrique Nieto Ramírez
Abreviatura: Ginecol Obstet Mex
ISSN: 0300-9041
ISSNe: 2594-2034
Indizada en: PubMed, Scimago, Índice Médico Latinoamericano, Lilacs, Medline, Science Citation Index, Ulrich, Ebsco.
A la memoria de Don Alberto, maestro de muchos ginecoobstetras
Ginecol Obstet Mex
Ginecol Obstet Mex 2026; 94: e11396.
https://doi.org/10.24245/gom.v94id.11396José Niz Ramos

Hay seres humanos cuya presencia ilumina un tiempo;
otros, además, forjan destinos.
Tú, querido Don Alberto, perteneciste a estos últimos.
Fuiste maestro de muchos ginecoobstetras,
y también mi maestro antes que mi socio,
mi compañero antes que mi amigo;
y con el paso de los años comprendí que el mayor privilegio
no fue trabajar a tu lado,
sino aprender de tu ejemplo.
Siempre nos hablamos de usted,
tanto tú a mí como yo a ti,
con ese respeto profundo que nace
cuando la admiración y el afecto caminan juntos.
Tenías un carácter fuerte,
de esos que algunos confundían con dureza.
Pero quienes fuimos tus alumnos supimos descubrir
que detrás de aquella disciplina férrea
habitaba un hombre íntegro, exigente consigo mismo
y profundamente comprometido con la formación de quienes seguíamos tus pasos.
Nunca regalaste un elogio;
nos enseñaste a ganarlo.
Nunca aceptaste la mediocridad;
nos impulsaste a buscar la excelencia.
Porque sabías que, detrás de cada decisión médica,
había una vida que merecía nuestro mejor esfuerzo.
Si hoy soy médico ginecoobstetra,
una parte de lo que soy nació en tus enseñanzas,
en tus correcciones,
en tu confianza
y en tu inquebrantable manera de entender la medicina.
Hoy el camino de la vida te ha llevado primero.
Te has adelantado hacia ese destino común
del que nadie regresa.
Y aunque la razón comprende que así es la existencia,
el corazón aún se resiste a aceptar tu ausencia.
Hay, sin embargo, una tristeza que llevo conmigo:
no haber estado para darte el último adiós,
no haber acompañado a tus hijos en las exequias,
no haber podido abrazarlos y decirles cuánto admiré, respeté y quise a su padre.
Esa ausencia pesa en mi conciencia,
pero espero que estas palabras lleguen donde mi presencia no pudo hacerlo.
Gracias, Don Alberto,
por tu paciencia disfrazada de exigencia;
por tu firmeza convertida en enseñanza;
por formar médicos antes que especialistas,
y seres humanos antes que profesionales.
Quienes aprendimos de ti llevamos una parte de tu legado
en cada paciente que atendemos,
en cada decisión que tomamos
y en cada vida que intentamos salvar.
Los maestros verdaderos no mueren cuando parte su cuerpo;
permanecen vivos en las manos y en la conciencia de sus discípulos.
Descansa en paz, querido maestro, querido amigo.
Cuando llegue mi hora de recorrer ese mismo sendero,
espero encontrarte de nuevo para agradecerte, una vez más, todo lo que hiciste por mí.
Con profunda gratitud, admiración y afecto eterno.
José Niz Ramos